Mi Álbum

7. En la cima del Mundo

Pedro añade a su vestuario la zamarra de La Roja

El 2009 resultó un año redondo, sencillamente maravilloso. Con el Barcelona ganamos la Liga, la Copa del Rey en Valencia, la Champions en Roma, la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes. Un gran año rubricado con seis títulos. Pero había más esperándome en el 2010. Me aguardaba Sudáfrica...y otro título, el más grande que un futbolista puede alcanzar. Habíamos vuelto a ganar la Liga con el Barcelona, por segunda temporada consecutiva. Se especulaba mucho sobre mi presencia en el Campeonato del Mundo, pero no quería hacerme ilusiones, aunque esperaba ansioso la decisión del seleccionador. La noticia la recibí en Abades, ¿dónde mejor?, rodeado de mi gente: Vicente Del Bosque me incluía en la lista para disputar el Mundial de Sudáfrica ¿Existía un plan mejor?

La Selección absoluta siempre había sido un sueño, aunque hasta entonces sólo había participado con la sub-21. Por eso preferí contener la euforia. Todos estábamos pegados a la tele cuando Del Bosque ‘cantó’ mi nombre. Entonces, explotamos de alegría. Se montó un buen jaleo en el barrio, en Abades y seguro que en toda la isla. ¡Incluso brindamos para celebrarlo!

Pedro departe con Jesús Navas y MataEl primer día llegué a la concentración de Las Rozas con la maleta cargada de ilusión. Sabía que allí me encontraría con muchos de mis compañeros del Barcelona, pero también con los mejores futbolistas del país. Desde el principio me di cuenta que disfrutaría a lo grande de la experiencia. El ambiente era fantástico, todos los compañeros me trataron como si llevara años entre ellos. Fernando Torres, por ejemplo, fue uno de los que más se preocupó de mí.

La anécdota surgió a la hora de elegir dorsal. Se escogió por orden de antigüedad y después, entre los restantes, me tocó por sorteo el '2' y a Javi Martínez, otro de los recién incorporados, el '20'. Me hubiera gustado el '17', mi número del Barça, pero lo tenía Álvaro Arbeloa. Entonces, Torres me echó un cable. Hablando con Álvaro y con Raúl Albiol, que tenía el '18', les pidió que alguno de ellos accediera a cambiarme el número. Arbeloa razonó que tenía mucho cariño al suyo: su número en el Depor, en el Liverpool... y además es el día de su cumpleaños. Pero Raúl no tuvo inconveniente y me permitió lucir el '18'.

Con el balón, las cosas también fueron sobre ruedas. El estilo de la Selección era similar al que practicábamos en el Barça, un fútbol rápido, vivo y de toque. Nos desplazamos a Austria para seguir con la preparación y allí jugué mi primer partido con La Roja. Fue un amistoso contra Arabia Saudí, en Innsbruck. En el minuto 60’ salí por Iniesta, justo después de que Xabi Alonso marcara el 2-1. Al final el choque acabó 3-2 y pude celebrar mi estreno con victoria, aunque tuve que esperar hasta otro amistoso contra Polonia, en Murcia, para marcar mi primer gol, aunque fue el último de una goleada que acabó en 6-0, un resultado inmejorable antes del desplazamiento a Sudáfrica.

Pedro pelea un balón en la semifinal del MundialAllí las cosas no comenzaron bien. Nadie se esperaba el palo de perder en el debut con Suiza y tocó aplicarse para superar el grupo. Conseguimos ganar a Honduras y a Chile. Portugal cayó en octavos y Paraguay, en cuartos. Hasta entonces, el seleccionador había contado conmigo como suplente, pero me tenía reservada una gran sorpresa para la semifinal. Nos cruzábamos con Alemania y en la charla me enteré de que sería titular. Vicente me dijo que jugaría por banda. Me sentía preparado para el reto, para darlo todo por lograr un sitio en la final. Me mentalicé y conseguí hacer un buen partido. Lástima una última ocasión, en la que me confié y perdí una oportunidad clarísima para marcar. En cualquier caso, un gol de Puyol fue suficiente para pasar a la final, donde nos esperaba Holanda.

Antes del gran partido no sabía si Del Bosque contaría de nuevo conmigo para el once. Pero estaba preparado para todo, para ser titular o para ayudar desde el banquillo. En aquel momento, todos éramos una piña, nos unía el mismo objetivo pero con más fuerza que nunca: conseguir la Copa. Y el entrenador ratificó su confianza en mí. Desde el minuto uno el partido fue muy duro, resultó muy complicado hacer nuestro juego contra un equipo muy físico y decidido a no dejarnos jugar.

Pedro, acosado por Kuyt y Van Bronckhorst en la final del Mundial 2010No sería sincero si dijera que me sorprendió este planteamiento, pero tampoco era la Holanda de fútbol alegre que habíamos visto en todo el Mundial. Después de pelear al máximo durante 60 minutos, me sustituyó por Navas, pero mi ritmo cardiaco en el banquillo fue como si estuviera aún sobre el césped. Fue Iniesta quien me quitó el peso de los penaltis de encima. ¿Qué hubiera pasado? Nadie lo sabe, pero sin duda el gol de Andrés no sólo sirvió para que todos -jugadores, técnicos y aficionados- ganáramos el título de nuestras vidas. Además, con ese gol también ganó el fútbol.



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